


Mientras crecen los proyectos de infraestructura y el tránsito marítimo, también aumentan las alertas por el impacto ambiental sobre las reservas de agua que sostienen el canal y a millones de personas.
Entre la humedad espesa de los bosques tropicales panameños todavía sobreviven manglares, aves migratorias, reptiles y enormes reservas de agua dulce que abastecen a millones de personas. Ese ecosistema, atravesado durante décadas por lluvias intensas y selva húmeda, también sostiene el funcionamiento del Canal de Panamá, una de las rutas comerciales más importantes del planeta. Hoy, en medio de esa franja ambientalmente sensible, avanza el Cuarto Puente sobre el Canal, una megaobra ejecutada por empresas estatales chinas que volvió visible una tensión cada vez más profunda en América Latina: la disputa por la infraestructura estratégica ya no puede separarse de la fragilidad ambiental.
Por el Canal de Panamá pasa cerca del 5 % del comercio marítimo del mundo. Cada barco que cruza esa vía transporta combustible, alimentos, vehículos, tecnología y mercancías que terminan llegando a distintos países, por lo que cualquier problema en el canal termina afectando precios, rutas comerciales y tiempos de entrega a nivel global. Solo durante el año fiscal 2025 se registraron más de 13.400 tránsitos y más de 262 millones de toneladas de carga movilizadas. Después de las restricciones provocadas por la fuerte sequía entre 2023 y 2024, la recuperación parcial del tráfico marítimo volvió a fortalecer los ingresos del canal, uno de los motores económicos más importantes de Panamá.
El crecimiento de las obras de infraestructura alrededor del canal ocurre dentro de un ecosistema ambientalmente sensible. La cuenca hidrográfica del Canal de Panamá no solo sostiene la operación marítima de la vía interoceánica; también abastece de agua potable a millones de personas. Las operaciones dependen directamente de los niveles de los lagos Gatún y Alajuela, afectados en los últimos años por sequías severas asociadas al cambio climático.
Las alertas ambientales aumentaron con megaproyectos como el Cuarto Puente sobre el Canal de Panamá, una obra valorada en aproximadamente 1.300 millones de dólares y ejecutada por empresas estatales chinas. Aunque el proyecto busca reducir la congestión vehicular entre Ciudad de Panamá y Panamá Oeste, distintos sectores han advertido sobre posibles impactos en humedales, áreas boscosas y ecosistemas cercanos a la cuenca canalera.
La participación china en esta obra forma parte de una expansión más amplia de Pekín sobre la infraestructura latinoamericana. Durante la última década, China incrementó su presencia en puertos, carreteras, minería, energía y sistemas logísticos en distintos países de la región. Panamá se convirtió en un aliado estratégico después de romper relaciones diplomáticas con Taiwán en 2017 y establecer vínculos oficiales con China.
Desde entonces, los acuerdos bilaterales crecieron especialmente en sectores marítimos y de transporte. En 2018, el entonces presidente panameño Juan Carlos Varela aseguró que Panamá buscaba “impulsar proyectos conjuntos enmarcados en la iniciativa de la Franja y la Ruta” y destacó la participación de empresas chinas en megaproyectos como el Cuarto Puente sobre el Canal, el puerto de cruceros y el sistema ferroviario.

La presencia de empresas chinas cerca del Canal alteró un equilibrio geopolítico que Washington consideraba relativamente estable desde la transferencia definitiva de la vía a Panamá en 1999. El debate dejó de centrarse únicamente en inversión extranjera y comenzó a involucrar control logístico, dependencia tecnológica y capacidad de influencia sobre una de las arterias comerciales más sensibles del planeta.
Sectores políticos en Estados Unidos cuestionaron la participación de compañías chinas en puertos y obras estratégicas cercanas al canal, argumentando posibles riesgos para la neutralidad de la vía interoceánica. Incluso algunos legisladores estadounidenses plantearon revisar el alcance del Tratado de Neutralidad firmado en 1977. Panamá, por su parte, insiste en que el canal pertenece exclusivamente al Estado panameño y opera bajo estándares internacionales de neutralidad.
Panamá, por su parte, insiste en que el canal pertenece exclusivamente al Estado panameño. “La neutralidad es la única y la mejor defensa de nuestro Canal ante cualquier amenaza particular o global”, afirmó recientemente el presidente José Raúl Mulino ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
La discusión también comenzó a extenderse hacia otros países de la región. Colombia mantiene proyectos de cooperación logística y energética con empresas chinas, mientras Guyana, impulsada por el auge petrolero, se convirtió en un nuevo foco de interés para inversiones portuarias y de transporte. Para distintos analistas internacionales, América Latina empieza a consolidarse como uno de los escenarios más sensibles de la competencia geoeconómica entre China y Estados Unidos.
Panamá enfrenta un equilibrio cada vez más complejo entre crecimiento económico, inversión extranjera y sostenibilidad ambiental. El canal representa cerca del 7,7 % del PIB panameño y aporta más del 23 % de los ingresos gubernamentales, lo que convierte cualquier proyecto relacionado con la vía interoceánica en un asunto de enorme sensibilidad política y financiera.
Pero el punto más vulnerable del Canal ya no está únicamente en la seguridad marítima ni en la disputa entre potencias, sino en el agua. Cada tránsito requiere millones de litros de agua dulce y las sequías recientes demostraron que la infraestructura más importante del hemisferio depende de un equilibrio climático cada vez más inestable.
La propia Autoridad del Canal reconoció que 2023 fue el tercer año más seco en la historia de la cuenca hidrográfica, con un déficit de lluvias del 30 %, situación que obligó a restringir los tránsitos diarios desde julio de ese año. Investigaciones recientes de la American Geophysical Union advierten además que sequías similares podrían convertirse en eventos frecuentes durante las próximas décadas debido al cambio climático.
Aunque las lluvias de 2025 permitieron cierta recuperación de los embalses, el Canal mantiene medidas preventivas de ahorro de agua ante el posible regreso del fenómeno de El Niño. Organizaciones ambientales y expertos en sostenibilidad insisten en que las futuras obras de infraestructura deben incorporar mecanismos más estrictos de transparencia, participación ciudadana y vigilancia ecológica independiente.
El Canal de Panamá sigue siendo una de las infraestructuras más codiciadas del planeta, pero su principal fragilidad ya no proviene únicamente de la disputa entre China y Estados Unidos. Proviene de algo menos visible: la inestabilidad climática. Las sequías recientes demostraron que el comercio global depende de ecosistemas mucho más vulnerables de lo que durante décadas quiso admitir la geopolítica. En Panamá, el agua empezó a ser más estratégica que la propia infraestructura.

Verificando tu voto...
El país que demostró que proteger bosques también genera riqueza.
Guyana reabre el debate sobre el petróleo y el poder en América Latina.
Lo que no se ve en los puertos puede definir el éxito de las exportaciones.
La cooperación en seguridad redefine cómo los Estados enfrentan el crimen.
Guyana redefine el mercado petrolero con uno de los mayores auges del mundo.
Los vuelos entre EE. UU. y Venezuela reconectan mucho más que ciudades.
