


La discusión sobre pagos instantáneos suele quedarse en la velocidad. Pero el verdadero cambio no está solo en que el dinero llegue en segundos, sino en cómo esa inmediatez transforma la manera en que hogares y pequeñas empresas planean, asumen riesgos y toman decisiones.
En los últimos años, los sistemas de pagos en tiempo real se han consolidado como una pieza clave de la infraestructura financiera global. En 2023, la Reserva Federal de Estados Unidos puso en marcha el servicio FedNow, que permite a bancos y cooperativas ofrecer transferencias en segundos, todos los días del año. Más de mil instituciones financieras participan ya en esta red, que procesa millones de operaciones con disponibilidad inmediata para consumidores y empresas.
La experiencia estadounidense evidencia que la rapidez reduce la incertidumbre. Cuando los recursos están disponibles al instante, se acortan los ciclos de decisión y mejora la previsibilidad en la gestión de caja, tanto en el ámbito doméstico como empresarial.
En ese mismo contexto, Colombia dio un paso estructural con Bre-B, el sistema de pagos inmediatos interoperables desarrollado por el Banco de la República.
A través de esta infraestructura, los usuarios pueden hacer transferencias al instante entre cuentas de cualquier banco o billetera digital, sin importar la entidad financiera de origen o destino. El envío se realiza mediante una “llave” previamente registrada, que puede ser el número de teléfono, el documento de identidad, un correo electrónico o un código alfanumérico.
Según cifras oficiales del Banco de la República, desde el inicio de su uso masivo se han registrado más de 97 millones de llaves y se han procesado más de 316.000 transacciones. Las operaciones se completan en menos de 20 segundos y están disponibles todos los días del año, sin importar la hora.
En diciembre de 2023, el Banco de la República anunció además su asociación con ACI Worldwide (NASDAQ: ACIW), compañía especializada en software de pagos en tiempo real, como parte del proyecto de modernización del sistema de pagos en Colombia.
Leonardo Villar, gerente general del Banco de la República, afirmó entonces que se trata del primer sistema en Latinoamérica creado a través de un consenso colaborativo entre gobierno, reguladores, bancos privados y el banco central, con el objetivo de llevar los beneficios de la modernización de pagos en tiempo real a consumidores y empresas colombianas.
Más allá de la tecnología, el efecto es práctico. El dinero deja de estar “en tránsito” durante horas o días y pasa a estar disponible cuando se necesita. Eso reduce fricciones asociadas a horarios bancarios, disminuye tiempos muertos y cambia la relación con el flujo de caja.

En Panamá, el avance ha seguido un camino distinto pero sostenido. Desde 2023, el país ha fortalecido su infraestructura de pagos digitales a través de sistemas como ACH Xpress y otras cámaras de compensación automatizadas.
Estas operaciones son gestionadas por consorcios como Telered, que ha procesado más de 349 millones de transacciones con la participación de múltiples bancos comerciales. Aunque Panamá no cuenta todavía con un sistema nacional de pagos inmediatos estructurado como Bre-B, la evolución de su infraestructura bancaria y el crecimiento de aplicaciones y billeteras digitales están ampliando la rapidez y eficiencia de las transferencias.
Para las pymes, el impacto no se limita a la comodidad. La disponibilidad inmediata de recursos permite planear pagos a proveedores, administrar inventarios y tomar decisiones de caja con mayor certeza. La variable crítica no es solo el tiempo, sino la previsibilidad.
Para los hogares, la transformación se traduce en control. Pagar una factura, enviar dinero a un familiar o cubrir un gasto inesperado sin depender de horarios bancarios reduce la ansiedad asociada a la espera y fortalece la confianza en el sistema financiero digital.
En términos macroeconómicos, la expansión de pagos inmediatos contribuye a reducir el uso de efectivo, disminuir costos de transacción y ampliar la inclusión financiera. Pero su efecto más profundo es cultural: modifica la percepción del riesgo cotidiano y redefine la planificación financiera.
En un entorno donde el tiempo es un recurso escaso, la inmediatez en los pagos no es un lujo tecnológico. Es una herramienta que convierte la velocidad en certeza y la certeza en capacidad de decisión.

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