


Exportar suele sonar a un territorio reservado para grandes empresas, con trámites complejos y riesgos difíciles de calcular. Sin embargo, en un momento en el que América Latina busca diversificar su crecimiento, fortalecer a sus pymes y reducir la dependencia de los mercados internos, esta historia muestra por qué vender al exterior ya no es una opción lejana.
Para Iván Giraldo, fundador de la empresa colombiana Novaplas, el comercio exterior no fue un plan diseñado en una sala de juntas. Comenzó en un taller, como operario del sector plástico, y durante nueve años fue creciendo hasta llegar a jefe de producción. El verdadero punto de quiebre llegó cuando su jefe decidió cerrar la empresa y le propuso algo impensable: comprarla.
Sin capital y con más dudas que certezas, Iván negoció un año de gracia para comenzar a pagar la deuda. Así nació su camino como empresario, un trayecto que años después lo llevaría a despachar contenedores completos a Estados Unidos, República Dominicana, Centroamérica y otros mercados de la región, en un contexto donde cada vez más pymes latinoamericanas buscan salir del mercado local para sostenerse y crecer.
El salto al comercio exterior ocurrió en 2018, casi por accidente. Un cliente colombiano envió productos a Estados Unidos usando envases fabricados por Novaplas. La calidad llamó la atención del comprador estadounidense, quien decidió viajar a Medellín para conocer la planta y explorar nuevas oportunidades.
“Empezamos sin saber nada de exportaciones. Mandamos las primeras muestras, fabricamos moldes y nos comprometimos con tiempos de entrega imposibles. Ese fue el primer gran error”, recuerda Iván.
La falta de experiencia se pagó con trabajo. Jornadas de 24 horas para cumplir con el primer pedido y seis horas para cargar un contenedor que hoy se despacha en apenas 35 minutos. Con el tiempo llegaron los envíos regulares: contenedores de 40 pies rumbo a California, carga suelta a Panamá, exportaciones a Ecuador, República Dominicana y, más recientemente, a Guatemala. Un recorrido que refleja una realidad compartida por muchas empresas de la región en donde se aprende exportando, pero hacerlo acompañado reduce los costos del error.

No todo fue crecimiento. En 2022, una crisis logística global tras el atasco del Canal de Suez dejó nueve contenedores represados en el puerto de Cartagena durante 180 días. “Perdimos cerca de 470 mil dólares. Fue un golpe durísimo, casi fatal”, contó y agregó: “Pero seguimos”.
Esa experiencia marcó su forma de ver los negocios. Cuando hoy se le pregunta qué necesita un emprendedor para exportar, Iván no habla primero de trámites ni documentos. “Lo más importante es la capacidad para resistir la frustración. En los negocios se gana y se pierde, y hay que saber aguantar”.
Con los años entendió que el éxito en el comercio exterior no depende solo del producto, sino de la preparación y del entorno que rodea a la empresa. Estas son algunas de las lecciones clave que resume su experiencia:
Hoy, exportar no es un esfuerzo individual. En América Latina, el rol del ecosistema es cada vez más determinante. Sector público, operadores privados, cámaras de comercio, universidades y plataformas de apoyo técnico cumplen una función clave para que las pymes puedan dar el salto sin improvisar.
Colombia y Panamá funcionan como ejemplos claros y replicables para otros países de la región. En Colombia, entidades como ProColombia, el Ministerio de Comercio, la DIAN y la VUCE 2.0 ofrecen orientación técnica, validación de requisitos y acceso a nuevos mercados. En Panamá, el MICI, ProPanamá y la plataforma Panamá Exporta cumplen un rol similar, aprovechando además la posición estratégica del país como hub logístico.
Contar con este respaldo desde el inicio no garantiza el éxito, pero sí reduce de forma significativa los errores que pueden poner en riesgo toda la operación.
La historia de Iván Giraldo refleja una realidad cada vez más extendida en América Latina: empresas que no nacieron pensando en exportar, pero que entienden que crecer hoy exige mirar más allá de las fronteras. En un contexto regional de bajo crecimiento y alta competencia, hacerlo deja de ser una apuesta y se convierte en una decisión estratégica. El verdadero desafío ya no es si una pyme puede exportar, sino si está dispuesta a prepararse para hacerlo bien y sostenerlo en el tiempo.
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