Una embarcación táctica de alta velocidad con cuatro motores fuera de borda navega en mar abierto. A bordo se observa a un grupo de efectivos de seguridad con uniformes oscuros y cascos, algunos sentados y otros en posición de vigilancia. El cielo muestra tonos cálidos de atardecer, simbolizando la vigilancia continua y la cooperación estratégica en las rutas marítimas del Pacífico.

Ecuador y Estados Unidos: El ensayo de una nueva estrategia de seguridad en el Pacífico

Contenido del artículo

El despliegue de militares estadounidenses en la base ecuatoriana de Manta abre un nuevo capítulo en la cooperación contra el narcotráfico y refleja cómo los países de la región buscan nuevas formas de enfrentar redes criminales que operan a escala internacional.

Durante años Ecuador fue visto principalmente como un país de paso dentro del negocio del narcotráfico. En los últimos años, sin embargo, el aumento de la violencia y la expansión de las redes criminales han puesto a prueba las capacidades del Estado.

En ese contexto se explica la decisión del gobierno ecuatoriano de reforzar su cooperación con Washington. A comienzos de este año, Estados Unidos confirmó el despliegue temporal de personal de la Fuerza Aérea en la base aérea de Manta como parte de una operación conjunta con las fuerzas ecuatorianas contra el narcotráfico.

Según explicó el Comando Sur, el objetivo de la misión es fortalecer las capacidades de las fuerzas ecuatorianas frente a las redes criminales que operan en el país. “Esta misión es una parte clave de nuestra asociación de seguridad duradera con Ecuador”, señaló la institución al referirse al despliegue.

Las autoridades estadounidenses también subrayan que la cooperación operativa se desarrolla a través de distintos niveles de coordinación con las fuerzas ecuatorianas. A La Tilde, el Departamento de Defensa señaló que existe una “colaboración sólida en muchos niveles entre las fuerzas de Estados Unidos y Ecuador”, basada en comunicación permanente y coordinación según lo requieran las operaciones. Funcionarios estadounidenses indicaron además que Ecuador participa regularmente en ejercicios multinacionales con fuerzas estadounidenses, incluidos programas impulsados por el Comando Sur y el Comando de Operaciones Especiales del Sur.

Este tipo de cooperación se inserta en una estrategia más amplia para enfrentar las rutas del narcotráfico en el Pacífico oriental, donde organizaciones criminales utilizan distintos tipos de embarcaciones, incluidos submarinos, yates de lujo, contenedores de carga y barcos pesqueros.

El regreso de personal militar estadounidense también tiene un componente simbólico. La base de Manta había funcionado como un centro clave de operaciones antidrogas hasta 2009, cuando Ecuador decidió no renovar el acuerdo que permitía su uso por parte de Estados Unidos.

Mucho más que cooperación militar

Aunque el despliegue militar ha concentrado la atención, la relación entre Ecuador y Estados Unidos no se limita al ámbito de seguridad.

Según datos del portal oficial ForeignAssistance.gov, la ayuda estadounidense a Ecuador es cercana a los 130 millones de dólares y financia programas en áreas como salud básica, asistencia alimentaria humanitaria y proyectos de gobernanza ambiental.

Parte de ese trabajo se desarrolla en alianza con organizaciones internacionales. El Programa Mundial de Alimentos, por ejemplo, brinda asistencia alimentaria a poblaciones vulnerables en Ecuador y desarrolla programas orientados a combatir la malnutrición y fortalecer sistemas alimentarios más resilientes frente a crisis económicas y climáticas.

La premisa es sencilla: combatir el crimen organizado no depende únicamente de operaciones policiales o militares. También requiere instituciones funcionales y comunidades con oportunidades económicas.

Primer plano de un miembro de las fuerzas de seguridad marítima, equipado con casco táctico, gafas de protección y chaleco salvavidas, mientras realiza labores de vigilancia a bordo de una embarcación. Al fondo, se aprecia la estela de agua blanca generada por la velocidad del bote en el océano bajo una luz clara de día, simbolizando la operatividad y el control en las aguas del Pacífico.

Un caso que otros países están observando

El giro de Ecuador no pasa desapercibido en la región. Colombia sigue siendo uno de los principales productores de cocaína del mundo y Panamá ocupa una posición estratégica en el tránsito marítimo entre América Latina y los mercados internacionales.

Los desafíos que enfrenta Ecuador no son completamente nuevos para la región. Pero sí reflejan una tendencia más amplia: la consolidación de rutas marítimas cada vez más complejas dentro del narcotráfico global.

Un análisis del Parlamento Europeo señala que el aumento del tráfico de cocaína hacia Europa ha convertido a varios países latinoamericanos en nodos logísticos clave dentro de las redes criminales transnacionales.

“El tráfico ilícito de drogas también está afectando a la Unión Europea como nunca antes. En 2021, las autoridades de los Estados miembros de la UE incautaron 303 toneladas de cocaína, la mayor cantidad confiscada en Europa hasta la fecha. Hoy, el comercio de drogas organizado por el crimen organizado representa una de las amenazas de seguridad más graves para la UE. Cerca del 40 % de las redes criminales activas en la Unión Europea están involucradas en el tráfico ilegal de drogas. Alrededor del 50 % de todos los homicidios en Europa están relacionados con el narcotráfico”, indica el informe.

En ese escenario, la estrategia ecuatoriana combina dos cosas: confrontar directamente a las organizaciones criminales y al mismo tiempo ampliar las alianzas internacionales para fortalecer las capacidades del Estado.

Más que una operación puntual

El despliegue en Manta no significa el regreso de las grandes bases militares que marcaron otras etapas de la relación entre Estados Unidos y América Latina. Lo que se está ensayando es algo distinto: una cooperación más flexible para enfrentar redes criminales que operan a escala regional.

El resultado de este tipo de iniciativas aún está por verse. Pero el caso ecuatoriano muestra cómo la lucha contra el crimen organizado en América Latina está evolucionando hacia esquemas que combinan cooperación militar, asistencia institucional y programas de desarrollo.

Más que un episodio aislado, la operación en Manta apunta a algo más amplio: la búsqueda de nuevas formas de cooperación para enfrentar un fenómeno criminal que ya no responde a las fronteras nacionales.

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