


En medio de la selva panameña, donde el terreno pone a prueba cada decisión, Panamá y Estados Unidos reactivan un entrenamiento conjunto.
En la Base Aeronaval Cristóbal Colón, en Panamá, el esfuerzo físico y la exigencia mental marcan el ritmo de una jornada que no admite pausas. Allí, en medio de la humedad y la densidad de la selva, fuerzas de seguridad panameñas avanzan por la llamada “Green Mile”, la prueba final del Curso Combinado de Operaciones en Selva. No es un simple cierre de entrenamiento. Es el punto en el que se ponen a prueba las semanas de preparación y donde se mide, con precisión, la capacidad para responder bajo presión.
La selva, con su vegetación cerrada, impone condiciones que obligan a tomar decisiones rápidas, coordinar cada uno de los movimientos y mantener siempre la comunicación aunque el entornos parezca adverso. Cada paso está acompañado de obstáculos naturales, con la presencia de animales que son potencialmente peligrosos y un terreno que no da ventajas. Quienes completan el recorrido no solo superan un desafío para el cuerpo, sino que fortalecen habilidades tácticas y desarrollan una relación más consciente con el entorno en el que deben estar.
Este curso, que volvió a realizarse en territorio panameño, reúne a fuerzas de Panamá y Estados Unidos para combinar entrenamiento especializado, intercambiar capacidades y coordinarse operativamente. Más allá del componente técnico, el programa es un espacio de cooperación que tiene intereses compartidos en materia de seguridad.
El entrenamiento tiene una duración de 21 días y reúne a integrantes del Servicio Nacional de Fronteras, el Servicio Nacional Aeronaval y la Policía Nacional de Panamá con efectivos estadounidenses. En el proceso, las fuerzas panameñas no solo participan como alumnos, sino que asumen un rol activo como instructores, especialmente en las fases más exigentes del programa.
Uno de los momentos clave es la etapa de supervivencia en la selva, liderada por instructores panameños. Esta participación refleja la experiencia acumulada por estas fuerzas en entornos selváticos y su capacidad para transferir conocimiento operativo en condiciones reales. En paralelo, Estados Unidos aporta personal del Army Security Cooperation Group - South, de la 82ª División Aerotransportada y del Cuerpo de Marines, lo que permite integrar distintos enfoques y metodologías.
Durante la ceremonia de graduación de la primera promoción, el viceministro de Seguridad Pública, Luis Felipe Icaza, destacó durante la ceremonia que el entrenamiento ha tenido resultados concretos tanto en el fortalecimiento de capacidades como en la consolidación de vínculos de cooperación. "Durante siete días, estas unidades adquirieron el reforzamiento, habilidades esenciales", aseguró el funcionario. La afirmación apunta a un aspecto central del curso: no se trata únicamente de entrenar, sino de construir confianza operativa entre fuerzas que, en escenarios reales, pueden actuar de manera conjunta.
La experiencia acumulada por Panamá en este tipo de ejercicios no es reciente. El país participa activamente en PANAMAX, el ejercicio multinacional orientado a la defensa del canal, y en Fuerzas Comando, una de las competencias más exigentes para unidades especiales en la región. Incluso fue sede de la edición de 2024 de esta última, realizada en la Academia de Policía Nacional en Cerro Tigre.
Ese historial explica por qué Panamá no ocupa un lugar secundario en este tipo de iniciativas. Su rol es activo, tanto en la formación como en la ejecución de ejercicios que requieren altos niveles de coordinación y preparación.

El regreso del Curso Combinado de Operaciones en Selva ocurre en un contexto en el que las dinámicas geopolíticas del hemisferio occidental están cambiando. Las alianzas tradicionales conviven con nuevas formas de cooperación, y la seguridad se ha convertido en uno de los ejes más importantes de las relaciones.
En este escenario, la presencia creciente de China en América Latina y el Caribe introduce un elemento adicional. El país asiático ha impulsado programas de formación en su territorio para militares y personal de seguridad de la región, lo que amplía el abanico de opciones para los Estados latinoamericanos. Sin embargo, también genera inquietudes en algunos países que observan con cautela sus prácticas y buscan alternativas de cooperación más cercanas a sus aliados históricos.
Es en ese punto donde el curso en Panamá adquiere una dimensión distinta. No se limita al ámbito técnico. Son iniciativas que funcionan como una reafirmación de vínculos y como una señal de continuidad en las relaciones entre Panamá y Estados Unidos. La reactivación de este tipo de entrenamientos representa una intención de mantener y fortalecer una cooperación que ha sido sostenida en el tiempo.
El componente estratégico también está vinculado al papel de Panamá en la seguridad marítima y a la relevancia del canal como infraestructura clave para el comercio global. Este factor ha sido reiterado por el presidente José Raúl Mulino en escenarios internacionales, donde ha subrayado la importancia de garantizar la estabilidad y la protección de esta vía.
En ese sentido, el entrenamiento en selva no es un ejercicio aislado. Se conecta con una red más amplia de acciones orientadas a la defensa, la coordinación regional y la preparación ante escenarios complejos. La capacidad de operar en entornos adversos, como la selva, se convierte en un elemento más dentro de una estrategia que busca anticipar riesgos y fortalecer la respuesta conjunta.
La “Green Mile” adquiere un significado que trasciende lo netamente operativo. Es una prueba de resistencia para quienes la recorren, pero también un símbolo de una relación que se adapta a nuevas condiciones sin perder sus bases. En un contexto global marcado por la competencia entre potencias y la reconfiguración de alianzas, estos ejercicios funcionan como recordatorios de que la cooperación sigue siendo una herramienta central para la seguridad.
El curso en Panamá deja varias lecturas. Por un lado, evidencia la importancia de la formación especializada en entornos complejos y la necesidad de mantener altos estándares operativos. Por otro, pone de relieve el valor de la cooperación internacional en un momento en el que los equilibrios geopolíticos están en movimiento.
En medio de la selva, donde cada decisión puede marcar la diferencia, se ensaya también una forma de entender la seguridad en el siglo XXI. Una que combina capacidades técnicas, conocimiento del terreno y alianzas estratégicas. Una que, como el propio entrenamiento, exige resistencia, adaptación y claridad en los objetivos.

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